1 jun. 2011

25 años más

Acabo de cumplir 40 años. Y ¿qué es de mi vida? sigue su curso, como un río.Claro está, que este río tiene sus tramos, con sus desbordamientos y sus sequías.

Una vez eres adulto, las cosas no son tan fáciles como cuando eras niño. Hay tantas cosas que hacer en tan solo 24 horas, no queda tiempo ni para un descansito.

¿Pensaís que soy exagerada? pues es cierto, siempre voy hasta arriba de trabajo. Como me gustaría volver a mis tiempos de estudiante, con tantas vacaciones y horas libres en las que podía ver la tele o bajar con los amigos. 

Mantengo el contacto con ellos, pero no es lo mismo de antes. No puedes correr tan ágilmente no puedes ir a la feria, no puedes reirte llamando mucho la antención y no puedes quedar tanto como te gustaría. Pero en los cumpleaños y celebraciones importantes, siempre voy a España para visitarlos y celebrarlo como es debido.

Aunque estar en clase tampoco estaba mal: siempre riéndonos por cualquier tontería y por cualquier cosa que ahora, a mi edad, no me haría gracia.

Por lo menos tengo a mi familia: Mi marido y mi hija, que me apoyan en todo.

Conocí a mi marido a los 22 años, en la universidad. Era un alumno inglés de intercambio que, por error, se equivocó de clase y fue a literatura en vez de a matemáticas. Se sentó a mi lado y cuando descubrí que se había equivocado, intenté explicarselo. el chico del pupitre de delante nos escuchó y se lo comunicó al profesor con un grito exagerado. Le pusieron un parte. Tal bochorno fue recordado por todos los alumnos hasta la graduación.

Empecé a salir con Arthur y pidió el traslado aquí. Lo demás es fácil de adivinar ¿no? Una vez acabadas nuestras carreras, nos mudamos a Londres.

2 años después tuvimos una hija preciosa, la llamamos Alice ¿por qué la llamamos así? Fácil, por que Arthur siempre bromeaba de que yo era la liebre de marzo y él, el sombrerero loco, y para celebrar el día de no-cumpleaños ¡Hacía falta una Alicia!

Aunque ya tiene 16 años y se molesta cada vez que se le recuerda el infantil origen de su nombre, me gusta que cuando ve algo relacionado con la película de Disney, me sonría con complicidad.

En vacaciones, unas veces vamos a visitar a mis suegros. Viven en un pequeño pueblo cerca de Dublín. Viven una casa muy grande comparadas con las de España y un patio en el que Alice jugaba cuando era pequeña.

Otras veces venimos a Madrid, a ver a mi madre, que ahora esta muy sola desde que falta mi padre.

Pobre Alice, lloró casi más que yo en el funeral, estaban tan unidos. Aunque era español, siempre hablaban en ingles y le traducía las cosas que mi madre le decía. 

Siempre les oía reírse:

- Ya se están riendo otra vez- decía mi madre con una sonrisa de felicidad.

Pero el tiempo pasa, y aunque ya empiezo a notar las arrugas, hay que mirar hacia adelante, porque si no miramos para el futuro, no podremos saber las maravillas que nos deparará cuando tengamos 25 años más.

2 comentarios:

  1. Bien Amanda, lo corregiré más tarde.

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  2. Estupendo Amanda, me encanta. Tiene un toque personal y una redacción muy viva.

    NOTA 10

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